domingo, 6 de junio de 2010

Cásate conmigo!!!

Ya habíamos visto un video original en una boda, música, amigos bailarines y demás... pero, una pedida de mano "original"...¿?

Me presto voluntario para organizar una de estas a cualquiera de ustedes!!!

miércoles, 2 de junio de 2010

¿Quién yo?.. ¡Sí tú!.. ¡Yo no he sido!.. ¿Entonces quién?

En el póquer se llama trotar a apostar desesperadamente, a envidar a lo loco, a calentarse cuando llega la mala racha. Es lo que los jugadores americanos denominan tilt, que además de significar sala de juego o casino on line, quiere decir confusión mental, tendencia al farol. Yo creo que lo que está haciendo José Luis Rodríguez Zapatero en el garito es trotar desde hace unos meses. Le suele pasar a los que van perdiendo: galopar cada vez más porque se les ha pasado la racha, ese meteoro que es como sentir otra vez el calor del cuerpo de tu madre o como convertir las fichas en estrellas.
Sé algo de eso y a Zapatero se le está poniendo cara del que trota mirando al trading de las fullerías. Se le ha mudado el semblante como al que tiene que pedir más leña a los prestas, sabiendo que cada día los chupasangre irán apretando más en los réditos y en la celeridad de la devolución.
Nuestro presidente no era ludópata ni adúltero. Apenas jugaba con Julián Lacalle al mus, ese juego rústico con piedras y garbanzos en el que se guiñan los ojos y se hacen señas. De pronto, se ha metido en una timba, que llaman mercados, donde están los levantamuertos ofreciendo derivados y los crupieres en combinación con los tramposos.
No lo pienso yo sólo, lo pensó una senadora de los Estados Unidos cuando dijo a esos bandidos: «A ustedes se les supervisa menos que al Casino de Las Vegas». Y Al Capone, otro caballero, consideraba a Wall Steeet un garito y decía que si alguien quiere buscar a la Mafia que vaya a los parqués, donde el azar y las trampas son los reyes. Claro que luego llegó Einstein y descubrió que el azar no existe y Dios no juega a los dados.

Sin embargo, eso no es lo que pensaron Engels y hasta Friedman y antes los griegos, que aceptaron que el azar o el destino o la suerte determinaban la historia y la economía, y que el mercado, como la evolución, es un producto más del azar y la necesidad.

A Zapatero le ha cambiado la racha y lo han dejado tieso en el póquer de los mentirosos, ese monipodio de gariteros, en la coima o leonera con pizarra electrónica.